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	<title>El Blog de Ricardo G. &#187; Capitalismo</title>
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	<description>&#34;Que otros se jacten de las páginas que han escrito; a mí me enorgullecen las que he leído.&#34; - Jorge Luis Borges</description>
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		<title>Capitalismo estilo Sarah Palin</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Nov 2009 23:36:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardog</dc:creator>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Editorial]]></category>
		<category><![CDATA[Capitalismo]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><img class="alignleft size-thumbnail wp-image-276" style="margin: 10px;" title="Naomi Klein" src="http://www.ricardoblog.com.ar/wp-content/uploads/2009/11/kleinnaomi-150x150.jpg" alt="Naomi Klein" width="150" height="150" />(<em>Por Naomí Klein</em>) TORONTO.- Estamos en un momento progresista, un momento en el que el piso se mueve bajo nuestros pies y cualquier cosa es posible. Lo que hace un año considerábamos inimaginable es ahora posible. En un momento como éste es fundamental ser claros con respecto a lo que queremos, porque podríamos conseguirlo.</p>
<p><span id="more-275"></span>Suelo hablar del rescate financiero porque se trata de un robo en marcha, el mayor atraco de la historia monetaria. Pero hoy quiero enunciarlo con un enfoque diferente: ¿qué pasa si el rescate funciona, si el sector financiero se salva y la <a href="http://www.ricardoblog.com.ar/tag/economia/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Economía">economía</a> retoma el curso en el que se encontraba antes del azote de la crisis? ¿Eso es lo que queremos? ¿Y qué aspecto tendría ese mundo?</p>
<p>La respuesta es que tendría el mismo aspecto que Sarah Palin. Y esto no es un chiste. Veamos: Sarah Palin apareció en la escena mundial como candidata a la vicepresidencia el 29 de agosto en un acto de campaña de McCain, con bombos y platillos. Exactamente dos semanas más tarde, el 14 de septiembre, Lehman Brothers colapsó, lo que desencadenó la crisis financiera mundial. En cierto modo, Palin fue la última expresión del <a href="http://www.ricardoblog.com.ar/tag/capitalismo/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Capitalismo">capitalismo</a> usual antes de que todo se desmoronara. Con su lenguaje sencillo y hogareño, ella nos mostró la trayectoria que seguía la economía estadounidense antes del derrumbe.</p>
<p>Al ofrecernos un atisbo de este futuro, que evitamos por un pelo, nos da la oportunidad de preguntarnos: ¿queremos llegar allí? ¿Queremos salvar el sistema en el que estábamos? ¿O queremos usar esta crisis y el mandato electoral de un cambio serio para transformar ese sistema? Debemos dar una respuesta clara ahora. O aprovechamos esta oportunidad o la perdemos.</p>
<p>¿Qué nos estaba diciendo Palin sobre el capitalismo antes de ser interrumpida por la crisis? Antes de que ella apareciera, el público estadounidense empezaba a advertir la urgencia de la crisis climática, el que nuestra actividad económica esté en guerra con el planeta y que es necesario instrumentar un cambio radical. Se había empezado a hablar de eso: los osos polares estaban en la tapa de la revista <em> Newsweek </em> . Es cuando hace su entrada Sarah Palin. El núcleo de su mensaje era: esos ambientalistas, esos liberales, están equivocados. No hay que cambiar nada. No hay que repensar nada. Sigan manejando sus autos que engullen nafta, sigan yendo al Wal-Mart a comprar todo lo que se les antoje.</p>
<p>&#8220;Estadounidenses -dijo en la Convención Nacional Republicana-, debemos producir más de nuestro propio petróleo y nuestro propio gas. Se lo dice una chica que conoce la región de North Slope, en Alaska, donde tenemos muchísimo de ambos.&#8221; Y la multitud reunida respondió entonando y coreando: &#8220;A perforar, nena, a perforar&#8221;. Viendo esa escena en la TV, con esa escalofriante mezcla de sexo, petróleo y patrioterismo, recuerdo haber pensado: &#8220;Diablos, la convención republicana se ha convertido en una manifestación a favor de fornicar el planeta Tierra&#8221;. Literalmente.</p>
<p>Pero lo que Palin decía es eso que forma parte del ADN del capitalismo: la idea de que el mundo no tiene límites. Estaba diciendo que no existen las consecuencias ni los déficits del mundo real. Porque siempre habrá otra frontera, otra Alaska, otra burbuja. Sólo hay que seguir adelante y descubrirla, El mañana nunca llegará.</p>
<p>Esa es la mentira más consoladora y peligrosa que existe: la de que es posible un crecimiento perpetuo e infinito en nuestro planeta finito. Y tenemos que recordar que este mensaje fue increíblemente popular en esas primeras dos semanas, antes de la caída de Lehman. A pesar de los antecedentes de Bush, Palin y McCain seguían adelante. Y si no fuera por la crisis financiera, y por el hecho de que Obama empezó a conectarse con los votantes de la clase trabajadora, al cuestionar la desregulación y la economía del goteo de la riqueza, tal vez hubieran ganado las elecciones.</p>
<p>Para enfrentar la mentira del crecimiento perpetuo y la abundancia ilimitada, que es el núcleo de las crisis financiera y ecológica, debemos mirar muy atrás, no sólo los últimos ocho años de Bush, sino hasta el momento de la fundación de este país, hasta la idea del Estado colonizador.</p>
<p>El capitalismo moderno nació con el así llamado descubrimiento de las Américas. Fue el saqueo de los increíbles recursos naturales de las Américas lo que generó el exceso de capital que posibilitó la Revolución Industrial. Los primeros exploradores hablaban de esta tierra como una Nueva Jerusalén, una tierra de tan infinita abundancia, y tan accesible, que el pillaje no acabaría nunca. Esta mitología está en todas nuestras historias bíblicas -diluvios y nuevos comienzos, éxtasis y rescates- y ocupa el centro del &#8220;sueño americano&#8221;, con su constante reinvención. Lo que el mito nos dice es que no tenemos que vivir con las consecuencias de nuestros actos. Siempre podemos escapar y empezar de nuevo.</p>
<p>Estas historias siempre fueron peligrosas para la gente que vivía en las tierras &#8220;descubiertas&#8221;, que las trabajaba con esfuerzo. Pero ahora el planeta entero nos dice que ya no podemos permitirnos la idea de ilimitados nuevos comienzos. Por eso resulta significativo que en el momento en que apareció algún instinto de supervivencia humana y empezamos a entender los límites naturales, apareciera Palin, la nueva encarnación de la mujer de frontera colonial, diciendo: &#8220;Vengan a Alaska. Siempre hay más. No piensen, simplemente tomen.</p>
<p>No se trata de Sarah Palin. Se trata del significado de ese mito de constante &#8220;descubrimiento&#8221; y de lo que nos dice sobre el sistema económico por cuya salvación están gastando billones de dólares. Lo que nos dice es que el capitalismo, librado a sus propios recursos, nos empujará más allá del punto en que es posible la recuperación climática; y que evitará a cualquier precio un balance serio, ya sea de sus deudas financieras o de sus deudas ecológicas. Porque siempre hay más. Una nueva solución rápida. Una nueva frontera.</p>
<p>El mensaje se vendía, como siempre. Sólo cuando se derrumbó el mercado de valores la gente empezó a decir. &#8220;Tal vez Sarah Palin no sea una buena idea esta vez&#8221;.</p>
<p>Siento que nos han dado una última oportunidad, una especie de indulto. Trato de no ser apocalíptica, pero lo que leo sobre el calentamiento global da miedo. Esta crisis económica, espantosa como es, nos alejó de ese precipicio ecológico al que estábamos por saltar con Sarah Palin y nos dio un poco de tiempo para cambiar de curso. De pronto tuvimos permiso para hacer juntos otras cosas además de comprar. Pero no nos hemos liberado del mito. La obstinada ceguera a las consecuencias que tan bien representa Sarah Palin está arraigada en la manera en que Washington está respondiendo a la crisis financiera. Washington preferiría arrojar billones de dólares en un agujero negro antes que descubrir la profundidad de ese agujero. Tanta es la obstinación de no enterarse.</p>
<p>Y vemos otros muchos signos de que la vieja lógica está volviendo. Los salarios en Wall Street ya han vuelto casi al nivel de 2007. Hay una cierta electricidad en las afirmaciones de que el mercado de valores se está recuperando. &#8220;¿Ya podemos dejar de sentirnos culpables?&#8221;, casi podemos escuchar preguntarse a los comentaristas. &#8220;¿La burbuja ya ha vuelto a inflarse?&#8221;</p>
<p>La crisis no matará al capitalismo, ni siquiera lo cambiará sustancialmente. Sin la enorme presión popular a favor de una reforma estructural, la crisis sólo implicará una dislocación solucionable. El resultado será una desigualdad aún mayor que la anterior a la crisis. Los mercados financieros son rescatados para impedir que el barco del capitalismo se hunda, pero no se desagota agua, sino gente, en nombre de la &#8220;estabilización&#8221;. El resultado será un barco más pequeño y peor. Porque una mayor desigualdad -gente muy rica viviendo junto a desesperados- exige una mayor dureza de corazón. Necesitamos creernos superiores a los excluidos para vivir cada día.</p>
<p>¿Nuestra tarea será rescatar este barco, el mayor barco pirata que existió, o reemplazarlo por una nave más sólida, con espacio para todos? Uno que no requiera que arrojemos a nuestros vecinos por la borda para salvar a los pasajeros de primera clase. Uno que entienda que la Tierra no tiene la capacidad para que todos nosotros vivamos cada vez mejor, pero sí la tiene para que todos vivamos bien. El capitalismo sobrevivirá a esta crisis, pero el mundo no puede sobrevivir a otro retorno del capitalismo.</p>
<p><strong>Naomi Klein, nacida en Montreal, Canadá, es economista <a href="http://www.ricardoblog.com.ar/tag/politica/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Política">política</a>, periodista y escritora </strong></p>
<p><em>Publicado en <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1193641" target="_blank">La Nación</a> el 3 de noviembre de 2009</em></p>
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		<title>La máquina sin límite</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Apr 2009 14:39:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Ricardog</dc:creator>
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		<description><![CDATA[(Por Fernando Diez *) Es de público conocimiento que políticos y economistas del mundo ven la actual crisis como la peor desde el año 30. También es visible la perplejidad de los mandatarios de las principales naciones, que no dan con una medida convincente. La credibilidad de los organismos, funcionarios, agentes financieros, bancos y compañías [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<!-- Start Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><!-- End Shareaholic LikeButtonSetTop Automatic --><p><a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1120756&amp;high=fernando%20diez"></a></p>
<p><em> <img class="alignleft" style="border: 0pt none; margin: 10px; max-width: 800px;" src="http://www.ricardoblog.com.ar/wp-content/uploads/2009/04/perspecticamundial.jpg" alt="" width="258" height="131" />(Por Fernando Diez *) </em>Es de público conocimiento que políticos y economistas del mundo ven la actual crisis como la peor desde el año 30. También es visible la perplejidad de los mandatarios de las principales naciones, que no dan con una medida convincente. La credibilidad de los organismos, funcionarios, agentes financieros, bancos y compañías fue herida como nunca antes. Es la credibilidad del sistema económico lo que ha caído.</p>
<p>Primero se manifestó como una crisis financiera, caída de las acciones y, finalmente, la quiebra de los prestamistas de lujo, los bancos de inversión. La pregunta era si eso afectaría la &#8220;<a href="http://www.ricardoblog.com.ar/tag/economia/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Economía">economía</a> real&#8221;, sugestivo término que pondría en la categoría de irreal la suerte de enormes bancos y compañías, y el destino de masas enormes de dinero que de un día para otro se desvanecieron. Justamente el dinero, eso que en la sociedad contemporánea parece lo más real. Por no mencionar la caída del valor de las casas y la catástrofe de los fondos hipotecarios. Finalmente, la transmisión a la <a href="http://www.ricardoblog.com.ar/tag/economia/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Economía">economía</a> real se manifestó en la inminente quiebra de gigantes como General Motors y el despido de miles de trabajadores.</p>
<p><span id="more-211"></span></p>
<p>Pero cabe la posibilidad de que la crisis no sea de la &#8220;economía real&#8221;, sino de un sustrato aún más real y profundo. Quizá se trate no de una crisis económica, sino de la crisis de la economía misma. Quizá la economía ya no sea ese sistema objetivo capaz de asignar la importancia y valor de cada cosa, y orientar acciones razonables para organizar nuestro futuro.</p>
<p>No hay duda de quiénes llegaron a ser los verdaderos brujos de la civilización contemporánea: los economistas. La globalización lo dejó bien claro, como la religión había sido en los siglos anteriores, la economía se transformó en el fundamento de las decisiones políticas y la medida de las decisiones privadas. La noción de &#8220;beneficio económico&#8221; adquirió el estatuto del tabú, eso que no puede ser discutido. Cuanto más rápido la sociedad produce, consume y descarta, tanto más exitosa es; alimenta el producto bruto interno y, por lo tanto, todos los índices económicos. Llena de optimismo el futuro; infla los valores de las compañías; guía las inversiones futuras y estimula un mayor gasto de los consumidores. Poco importa la utilidad de lo producido. De hecho, en la última parte del siglo XX, una de la maneras de medir el &#8220;desarrollo&#8221; de una nación consistió en medir la cantidad de basura que producía per cápita: cuanto mayor fuera, mejor. La obsolescencia programada se convirtió en un objetivo de la industria, y la vida útil de productos siempre renovados se redujo todo lo posible a la espera de una rápida sustitución que alimentara el ritmo del aparato productivo y el beneficio económico. Cuanto más se descarta, tanto más se desarrolla la <em> performance </em> aparente de un país, porque la economía se niega a ver el costo del inconmensurable residuo que produce. Aunque durante siglos las sociedades humanas supieron cómo orientar sus esfuerzos e ingenio en la situación de escasez, ahora comienza a hacerse visible su dificultad en actuar con simétrica sabiduría en una situación de dominante abundancia (aunque no para todos).</p>
<p>La economía se muestra incapaz de ordenar nuestras prioridades. Si un navegante ve que su brújula apunta a un lado, y a cada momento cambia y apunta a otro, comprende que no funciona y no puede fiarse de ella. La economía ha mostrado un comportamiento similar en los últimos tiempos: infló los precios y luego los desinfló, para mostrarnos una desorientación que no permite realizar previsiones y tomar decisiones para el futuro.</p>
<p>Debido a la crisis, cae la demanda, y eso es visto como malo, pues la interpretación de la máxima productividad y consumo, implícita en el paradigma del crecimiento indefinido, exige un aumento obligatorio de la demanda. Pero se niega a ver el residuo gigantesco cuyo costo la economía desprecia. La <a href="http://www.ricardoblog.com.ar/tag/ecologia/" class="st_tag internal_tag" rel="tag" title="Entradas etiquetadas con Ecología">ecología</a> ha venido a luchar contra esa ceguera voluntaria, pero los actores económicos y los dirigentes políticos están atrapados entre la espada (la economía) y la pared (la imposibilidad de seguir negando el problema ambiental que genera). Las medidas para reactivar la economía pueden acallar los síntomas, como una droga calma al drogadicto, pero sólo aumentan la catástrofe que sobrevendrá cuando el organismo ya no pueda soportarla.</p>
<p>Se trata de mantener activas las fábricas que producen automóviles devoradores de energía, de alimentar el turismo con enormes jets regando los cielos con toneladas de dióxido de carbono (20 toneladas por cada hora de vuelo), de renovar millones de celulares, descartando todos los años los anteriores, con sus baterías altamente contaminantes (720 millones) o descartar envases plásticos a una frecuencia demencial (100 millones de toneladas anuales o 10 millones de envases cada 5 minutos, creciendo a un &#8220;saludable&#8221; 4% anual, según datos de la industria). La interrupción de esas actividades es un desastre económico y social. Su continua aceleración, un colosal desastre ambiental que, cambio climático mediante, pronto mostrará ser socialmente aun más catastrófico (especialmente para quienes viven en la pobreza y los ecosistemas más frágiles)</p>
<p>Si debajo de la crisis financiera está la crisis de la economía real, debajo de ésta subyace la crisis ambiental, la insustentabilidad a mediano y largo plazo de nuestro modelo productivo. Algo que la economía se obstina en negar: los costos ambientales que llama &#8220;externalidades&#8221; (¿externas a qué?).</p>
<p>La crisis puede ser, en todo caso, la bofetada en la cara de gobiernos y economistas para despertarlos de su sueño de soberbia. Es la crisis de nuestro medio ambiente. Es la revelación de la imposibilidad de continuar con el mismo modelo de consumo. No habrá futuro sin un nuevo sistema económico, uno que sea capaz de medir los costos ambientales de corto y largo plazo y ponerlos en relación con los beneficios sociales. Uno que sea capaz de medir los costos difusos de la producción y pueda objetivarlos de forma tal que las distintas naciones puedan elaborar los necesarios acuerdos y consensos sobre el uso de lo que es de todos: la atmósfera, el agua y los océanos. El costo de las emanaciones de dióxido de carbono debe ser medido y debe reflejarse en el costo económico de todas las decisiones, grandes y pequeñas, públicas y privadas.</p>
<p>Desde ese punto de vista, esta crisis no es un problema, sino la alerta de que los instrumentos de navegación que están guiando nuestras decisiones ya no sirven para un mundo globalizado y empequeñecido, no tanto por nuestro número, como por la escala de nuestro consumo. Lo que está en crisis es este sistema económico, instrumento que guía todas nuestras decisiones. La brújula no funciona, y los últimos acontecimientos lo han puesto de manifiesto, aún para quienes se niegan a comentarlo.</p>
<p><strong> * El autor es arquitecto, especialista en desarrollo urbano y medioambiente. Publicado en <a href="http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1120756" target="_blank">La Nación</a> el 22 de abril de 2009.<br />
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