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Está en inglés, pero es muy explícito. Se trata de una especie de poster digital que muestra, entre otras cosas, que el costo de la botella plástica, las etiquetas, el marketing, etc. es mucho más alto que el agua en sí, cuánta agua se desperdicia fabricando esas botellas y, sobre todo, que el agua llamada “mineral” no es mejor que el agua de la canilla…
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Fragmento de una conferencia que Eduardo Galeano dio en Italia en ¿2006?
(Por Litto Nebbia) La Cámara de Diputados ha convertido en ley un proyecto que prolonga de 50 a 70 años los derechos de las compañías discográficas sobre los discos que alguna vez editaron. Y es una pena que el Congreso a veces no tenga información clara y real sobre lo que trata, porque esta ley sólo protege a las grandes compañías discográficas para que puedan seguir manipulando a su antojo centenares de álbumes de diversos géneros. Albumes que, en la mayoría de los casos, están bajo un contrato leonino en el que el artista no tiene la menor posibilidad de ver respetada su obra y mucho menos de percibir los derechos reales que le corresponden.
Aclaración necesaria: No concuerdo casi en nada de lo que publica Matías en este artículo. Sin embargo lo incluyo acá por dos motivos: el primero, que Matías había escrito este artículo, se lo publicaron un día en la versión online de Página/12 y al otro había, “misteriosamente”, desaparecido. Y segundo, que a pesar tener mis diferencias, es un colega que respeto. Si Matías había tocado ciertos intereses o no, no lo sé. Lo que sí sé es que si un medio que dice respetar la libertad de expresión, “censura” (no me cabe otra palabra, en este lugar) un artículo tan alevosamente, hay algo que no funciona. Y la mejor manera de hacérselo saber, es publicar la nota eliminada en la mayor cantidad de lugares posibles. Este es mi modesto aporte.
Aclaración 2: En algún momento del fin de semana del 17 de abril, este artículo fue repuesto en http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/futuro/13-2335-2010-04-17.html.
(Por Matias Alinovi) El jueves pasado tuvieron lugar en Buenos Aires las esperadas conferencias TED, un encuentro misceláneo de sesgo tecnológico, ideología importada y sensibilidad confusa, bajo la figura tutelar del emprendedor como modelo social. Allí disertaron varios científicos nacionales, ante un auditorio esencialmente integrado por alumnos de nuestro sistema público universitario. Pero, ¿qué idea de la ciencia promueven las TED? ¿Qué tipo de vínculos sociales estimulan? Los peligros de la importación de un formato.
Imperfecta en materia económica, o incluso política, se podría creer que nuestra soberanía es definitiva en materia de organización de conferencias. Y sin embargo, el jueves pasado tuvieron lugar –en el predio de La Rural, con un éxito numérico anticipado y admisión por sorteo– las conferencias TED, un desfile dispar de vidas que se quieren ejemplares, un impreciso encuentro ecuménico, un show importado, un gran aturdimiento.
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(Por Sergio Marino) A fines del Siglo XIX un matemático alemán publicó por primera vez la Teoría de Conjuntos, que un siglo más tarde se comenzaría a enseñar en nuestras pampas bajo el título de Matemática Moderna.
Yo cursé la primaria en los 70’, hace tiempo, cuando en los almacenes aún había gallegos y no chinos. En torno a la Matemática Moderna existía una curiosa discusión –un vivido y cómico ejemplo del nivel intelectual reinante- el Gobierno Militar llegó a prohibir alguno de sus contenidos por considerarlos “subversivos”. En el año 78 comencé la secundaria en el Colegio Pio IX, y hoy en día mantengo contacto con un numeroso grupo de aquellos noveles técnicos electrónicos.
(Por Federico Kukso) Es una bolsa, pero no una bolsa cualquiera. Es más negra que blanca, más alta que ancha, más plástica que profunda. Y la manzana roja, volcánica, que salta desde uno de sus extremos luce una mordida evidente y culposa. La gran metáfora bíblica del pecado – que es también la de la tentación, la de lo prohibido– no está ahí como un arabesco del diseño gráfico: aunque no sea en un sentido literal, uno también quiere morder aquella bolsa que merodea por las calles, ser el que la lleve de un lado para el otro en la ciudad, en el colectivo y en el subte, tan sólo para que otros la vean y se muerdan el labio inferior de envidia.
Este video lo encontré en Taringa, y tenía el siguiente texto como presentación:
Por Favor vean este video…solo 5 minutos para reflexionar!!! una imagen vale más que mil palabras…
El “suicidio” moral de la humanidad al olvidar la ética para pasar a la “estética”…
Que cada quien saque sus propias conclusiones de éste, que bien podría ser un documental muy representativo sobre aquello en lo que nos hemos convertido…
Sinceramente no estoy muy seguro de estar de acuerdo con esta introducción, pero el video es demoledor. Como dicen ahí, sacá tus propias conclusiones…
(Por Emiliano G. Arnáez) Un mediodía de 1998, Tomás Eloy Martínez mantuvo una charla informal con los redactores del diario La Nación. En ella, esbozó un programa de diez puntos clave o decálogo del quehacer periodístico. El entonces secretario de Redacción, Germán Sopeña, tomó detallada nota de lo que iba dictando.
A continuación compartimos los apuntes que Sopeña copió de la voz de Tomás Eloy Martínez.
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(por Diego Rottman*) Roberto Sánchez comparte el honor de pocas personas en el mundo de haberse muerto dos veces para los medios. El caso más conocido es el de Mark Twain, que replicó a su necrológica en el New York Journal con la frase “la noticia de mi muerte fue una exageración”. Pero hay otros.
El 21 de noviembre del año pasado a Clarín se le filtró en la web un suplemento de homenaje a Sandro que tenía preparado para cuando falleciera. Nunca aclaró qué pasó. Ni siquiera dio cuenta del error. Medio mes después, ese suplemento llega al papel reformulado. Aquí, la versión original y la nueva, página a página (click en las imágenes para ampliarlas):
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(
Por Osvaldo Bazán) Lo primero fue el miedo.
Se instaló en cada casa un pánico nunca antes conocido: el miedo a la tecnología, a lo que los aparatos podrían hacer con nosotros en el momento en que saliesen de control. Y anunciaban que justamente eso es lo que ocurriría. Saldrían de control. De golpe, nos dimos cuenta de que estábamos rodeados por replicantes de Blade Runner. Los electrodomésticos vendrían en tu búsqueda. La tostadora podría perseguirte y quemarte las nalgas, mientras la Moulinex, loca de atar, se enrollaría en el cuello de la abuela hasta hacerle decir toda la verdad. Los aviones, como moscas después del Raid, caerían, uno a uno, en un Lost multitudinario sin sobrevivientes. Los barcos terminarían indefectiblemente, como el de Madagascar, yéndose al polo. Se cumpliría la profecía de Fukuyama: si en la vida real la historia se negaba a terminar, en la vida virtual se apagaría, al evaporarse todos los datos de todas las computadoras. Los misiles, todos los misiles que el mundo se apunta sobre sí mismo, por error, iban a dar en sus blancos, sin error.
Si hasta el sol iba a nacer antes de la madrugada.
Con el miedo instalado en cada casa empezó la década.
Lo primero, entonces, fue el miedo.