¿Qué es un emprendedor?

Trabajo en equipo_640. Imagen: pixabay.comDespués de asistir a incontables encuentros de emprendedores, desde aquellos históricos (e histéricos) First Tuesday hasta los domingueros DELM, pasando por los Palermo Valley e, incluso, alguna cena Endeavor, me llamaron la atención un par de observaciones, subjetivas por cierto, pero que me parecen bastante

  • La (muy) baja proporción de emprendimientos exitosos en relación a la cantidad de emprendedores que participan de estos encuentros.
  • La presencia de (casi) los mismos expositores (o relacionados a ellos) en los paneles y presentaciones de estos eventos.
  • Relacionado con esto último, la misma historia contada una y otra vez, con leves variantes particulares, acerca de la oportunidad de encontrar el negocio correcto en el momento correcto.
  • Y, como consecuencia, la natural dificultad de transferir la experiencia de cada expositor que, en rigor, era intransferible, por más esfuerzos se pusieran en ello.

La explicación más probable, por obra y gracia de la Navaja de Occam es, probablemente, la más sencilla de todas: la vocación.
¿Qué es un emprendedor? Me lo pregunté siempre, luego de preguntarme porqué yo no me consideraba uno. Escuchando las experiencias de los demás y contrastándolas con la mía propia, mi conclusión es la siguiente.
Uno de los principales axiomas del emprendedorismo es “encontrar el negocio” o sea “ver cuál es la demanda y reaccionar a ella con la oferta adecuada”. En síntesis, el emprendedor es básicamente, un comerciant
e, sin ninguna connotación peyorativa en la definición.
Lo que al emprendedor le gusta, su verdadera vocación es, indudablemente, la venta. No importa de qué (o sí, pero dentro de un rango amplio), la consigna es “de lo que compren”. El producto o servicio que se ofrece está, probablemente dentro del espectro de lo “que le gusta” al emprendedor: tecnología, productos de escritorio, servicios profesionales, etc.
Recuerdo de mi época anterior, una discusión entre los médicos. La vocación de aquéllos que preferían la oftalmología o la cirugía estética porque era la que daba más dinero con menos estrés, no era la medicina, sino el comercio. La medicina, en todo caso, era el vehículo con el que los “emprendedores médicos” (en aquella época todavía se decía “empresarios”) sentían mayor afinidad.
Los emprendedores, ya sean periodísticos, tecnológicos, proveedores de insumos o financieros son, primero y antes que nada, comerciantes con la vocación suficiente como para estar alertas continuamente acerca de “por dónde puede venir el negocio”, estar atentos a lo que pueda ser negocio, dar rédito suficiente, y dispuestos, sobre todo, a cambiar sobre la marcha, cuando el viento gira y comienza a soplar desde otro cuadrante.
En síntesis, el emprendedor exitoso es el comerciante vocacional. Es el que le gusta la tecnología, las finanzas, el periodismo, la medicina o el arte. Pero que, fundamentalmente, es un vendedor.
Por eso, para algunos, el emprendedorismo no es una opción. Somos aquellos que no tenemos una vocación vendedora o comercial, somos aquellos que podríamos aprender las técnicas de ventas o de marketing, pero nunca las aplicaríamos con el corazón, porque siempre estaríamos pensando en que preferiríamos estar haciendo otra cosa antes que vender.

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