Híbridos, tercer tomo de El Paralaje NeanderthalAcababa de terminar la trilogía El Paralaje Neanderthal, de Robert Sawyer, cuando di con la crítica al primer tomo que escribió Hernán Domínguez Nimo en Axxón. Me dieron ganas de contestarle, especialmente a partir de que él no había leído (y yo sí) la saga completa.

El Paralaje Neanderthal cuenta la historia de un portal que accidentalmente, se abre entre nuestro mundo y uno paralelo en el cual, a diferencia de lo que sucedió en el nuestro, en aquél la especie triunfante fue la neanderthal, en lugar de la cromagnon, como pasó en nuestra historia.

Sawyer aprovecha ese acontecimiento para plantear, justamente, un “qué hubiera pasado si” y, de paso, compararnos (desfavorablemente, por cierto) con la civilización neanderthal (barasts, en su lenguaje) la cual ha tenido éxito en combinar la investigación científica y el desarrollo tecnológico son un excesivo cuidado por el medio ambiente.

Durante un experimento investigando sobre computación cuántica, un científico barast, Ponter Boddit, atraviesa un portal que lo deja “de nuestro lado” del desarrollo histórico. Aquí se topa con una genetista, Mary Vaughan, a quien acaban de violar, con una física, Louise Benoit (que es quien lo salva de morir ahogado en agua pesada) y con un médico, Reuben Montego, que lo trata cuando se enferma de una dolencia que no existe en su mundo.

La historia, desgranada en tres tomos, se basa en el intercambio de ideas, de conceptos sobre , relación entre los sexos y medio ambiente, y de las diferencias, tanto genéticas como culturales, entre las dos especies.

A grandes rasgos, la historia completa podría sintetizarse de la siguiente manera: Ponter Boddit y su compañero Adikor Huld están probando una computadora cuántica cuando, a resultas de su operación, se abre un portal y Boddit “desaparece” en nuestra versión del mundo. En aquella, Huld es acusado por la mujer de Boddit de asesinarlo por venganza y lo lleva a juicio.

En este mundo, un asustado Boddit es confrontado con la civilización humana actual (recordemos, descendiente de cromagnon y responsable, además, de la extinción de los neanderthales en nuestra línea del tiempo) y conoce a Mary Vaughan, una genetista que acaba de ser violada.

Hernán escribe: “Hay pasajes del libro -este juicio, la vejación de una de las protagonistas, su posterior relación con Ponter Boddit- que parecen algo superfluas. Está claro que son excusas para mostrar el funcionamiento e idiosincracia de la sociedad neanderthal. El problema estriba, quizá, en que es demasiado evidente que se trata de excusas funcionales a la trama. Es probable que el hecho de crear una saga de tres genere desde el vamos la necesidad de estirar un relato que podría haberse resuelto en uno solo. O que esté preparando terreno para lo que va a pasar más adelante. Habría que leer los dos siguientes para descubrirlo”.Thomas Sawyer y una calavera neanderthal

Para aclararle a Hernán y a los lectores, esto último es lo que, precisamente, sucede. Tomando prestadas algunas técnicas del relato policial de suspenso, vamos enterándonos de qué le pasa al violador y su intervención, al final de la historia, es llamativamente importante.

Por el otro lado, de entre las diferencias culturales y antropológicas, resalta el tipo de matrimonio tripartito barast (cada persona tiene un hombre-compañero y una mujer-compañera), la ausencia total de creencias religiosas (según la hipótesis del libro, de origen probablemente genético) y una cultura y civilización modalizada, entre otros factores, por el agudísimo olfato de los neanderthales, que les permite, literalmente, oler las mentiras, así como las feromonas y otros aromas biológicos.

Todo esto enmarcado en un contexto literario que, al decir de Miquel Barceló, el prologuista de la saga, demuestra “la facilidad didáctica de Sawyer para hacer llegar al lector, incluso al no experto, los elementos centrales de las ideas científicas más complejas (ingeniería genética y paleontología en aquel caso) [...] Sus obras son amenas y entretenidas; sin serlo realmente (hay mucho trabajo tras las bambalinas…) parecen lineales y sencillas; y resultan sumamente fáciles y agradables de leer”.

Para Sawyer es mucho más importante la problemática de la religión (recuérdese El Cálculo de Dios, otra novela en la que la búsqueda de un dios resulta ser fundamental) y cómo influye en todos los aspectos de la vida que, por ejemplo, la conspiración de científicos norteamericanos para alienar el mundo paralelo neanderthal (si bien, en el desenlace final, resulta una pieza clave).

Claro, Sawyer es canadiense y eso no hay que olvidarlo. A pesar de la cercanía con los Estados Unidos, Canadá es, a pesar de la perogrullada, otro país. En USA (y no hablar en Argentina) una figura extraordinaria (esto es, fuera de lo ordinario) y, a la vez, inquietante, no podría andar tranquilamente por la calle ni, mucho menos, pasear de noche solitariamente. Por lo menos no sin ser seguido (en USA, por lo menos) por algún servicio de inteligencia antiterrorista.

Hay que reconocer que, desde este punto de vista, Sawyer es más británico que americano y eso implica, además, caer en ciertas ingenuidades que son, por momentos, difíciles de salvar. Pero el humor irónico no deja de hacer su aparición, esporádicamente.

Y, como dice Barceló, la extensiva documentación previa de Sawyer hace que las hipótesis científicas descerrajadas a lo largo del libro no sólo cuadren armónicamente, sino que den un contexto ajustado. No hablemos sólo de las últimas investigaciones neurológicas, esas que señalan que nuestro sistema de creencias está alojado en un sector de nuestro lóbulo parietal izquierdo, sino hasta de nimiedades tales como la imposibilidad de pronunciar ciertas vocales (por la estructura craneal neanderthal) o el hecho de que, debido a su peculiar “rodete occipital”, los barasts no necesitan, como nosotros, sostenerse la barbilla para pensar.

Sawyer combina, en esta saga, dos subgéneros de la . Por un lado, la ucronía, aquí representada por el “qué pasaría si los neanderthal fueran los sobrevivientes” (con Sadrac en el horno como uno de los ejemplos más acabados, en un mundo donde Hitler y el nazismo habían ganado la guerra) y, por el otro, el de las civilizaciones alternativas (como ejemplos tenemos a Dune y a Hierba y, más cerca nuestro, La Canción de Maguerra, de Alejandro Alonso). Y la verdad, le sale bastante bien.

Definitivamente Sawyer no alcanza las alturas de un Asimov o un Clarke (en el fondo la ficción del canadiense es “dura”), aunque no le anda lejos, pero lo que nos parece más extraño de todo, es que lo que podría ser “anticipación”, en El Paralaje Neanderthal está referido al pasado, o sea, a las edades prehistóricas, más que al futuro o al espacio. Y eso, convengamos, es raro.


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